9 feb. 2011
Autor: YO -Dango-
Titulo: Chocolate Amargo
Fandom: Original
Advertencias: Seguimos relajados
Capítulo: 2º "Paso 1: Crecimiento"

William solía pensar que ningún trabajo debía tomarse a la ligera. Sin importar el oficio que se realizaba o el nivel de dificultad; absolutamente nada era excusa para subestimar una labor bien hecha. Siendo esa razón lo que le hacía quedarse todos los días al final del mes trabajando como si no hubiera un mañana para dejar listo y de forma impecable el cierre mensual de cada una de las cuentas que llegaban a la oficina. No importa si era la nómina, las ganancias, gastos o algún otro tipo de servicio involucrado con sus amantes numéricos: Siempre estarían listos para que su jefe les diera el visto bueno.


Respirando profundo; callado como siempre que pensaba que iba siendo momento de tomar un descanso, con los músculos bien relajados pensaba: “¿Qué hora sería? ¿Ya cerca de las doce?” Suspiró recargando los brazos sobre el escritorio aun mirando la pared en blanco. En ese tipo de noches sentía que se volvería loco por el cansancio de dos semanas sin una buena siesta. Poniéndose de pie caminó a la ventaba que tenía tras él, recargando las manos sobre el marco para observar el exterior: Calles en silencio total, y la suave ventisca que como siempre le hacía recuperar las ganas de seguir con su labor.


-¿Aun aquí? –Preguntó Paul cuando abrió las puertas corredizas- Te dije que hoy te fueras temprano.

-No podía… -soltó William caminando a su escritorio para tomar la pluma fuente- Aun hay mucho que hacer. Leon vendrá mañana y… -levantó la mirada cuando escuchó un chasquido de la lengua de Paul

-Ya te dije: Deja de preocuparte por él; creo que te adora más que yo –rió sentándose en la orilla del escritorio mirándole con bastante atención como para notarle (a pesar de la mala iluminación) las marcadas ojeras- Ve a casa

-Aun falta mucho…


Paul suspiró como buscando las palabras indicadas mientras observaba a su alrededor de forma relajada. Si había algo que William admiraba de él: Era que jamás parecía enojarse, siempre se mantenía con esa aura relajada y sin tensiones.


-Will…

-Ya lo sé –interrumpió William dejando la pluma y extendiendo las manos como si con ello pudiera evitar los comentarios- Pero aun puedo estar despierto unas horas

-Sí, claro que puedes –le miró a los ojos- Pero necesito que estés despierto mañana –se levantó para sujetarle del hombro, recargando la otra mano en el escritorio- ¿O no quieres ir a casa?


Una negación sencilla de parte de Will, fue lo suficiente para que Paul se riera y buscara la mirada de los ojos cafés del joven. Era quizás la costumbre que menos le agradaba: Que nunca lo viera a los ojos cuando estaban tan cerca, resultaba ser aun más frustrante de lo que alguien pudiera pensar. Paul enredó sus dedos entre el castaño cabello del menor, sujetándole con un poco de fuerza para que lo viera a la cara; era como un cachorro que se le debía enseñar buenos modales.


-…Sólo dilo –murmuró mirándole con calma

-¿Por qué siempre haces esto? –preguntó Will con una suave sonrisa

-Soy paciente, William, pero tengo límites –le soltó dándole un suave y juguetón golpe en la barbilla con los dedos- ¿Algún día dejaras de ser tan desconfiado?

-No lo creo –sonrió de lado

-¡Ja!... que se le va hacer ¿no? –Soltó Paul pasando los brazos por sus hombros, bajando un poco la cabeza para mirarle bien- Vamos, dilo… -sonrió de lado-… “quiero dormir contigo”


Will sonrió casi de forma inconsciente al escucharle decir eso… ¿todo era tan fácil? Volteo la cabeza como ignorando esa petición, pero una mano sujetaba el saquillo de Paul.


-… de acuerdo –murmuró Paul dándose soporte en el escritorio jalando al otro de la oreja- Dame un beso y lárgate o te juro que mañana lo lamentaras –le miró con los ojos entrecerrados, que al final le causó sonreír al escuchar una risa discreta de William- ¡Hombre! ¡No te rías! ....me quitas lo serio

-… no es mi culpa… -susurró Will riéndose a la vez que se metía entre las piernas del otro- Iré a casa… -dijo rozando los labios con los de Paul; hasta que cerró los ojos para sentir con más detalle como ambos disfrutaban de esa caricia tan sutil.


Absolutamente nadie más debía saber de esos encuentros furtivos, siempre discretos y bien controlados. Su cabeza empezaba a nublarse cuando sintió las manos del contador sobre sus muslos; subiendo por su trasero… acariciando entre las nalgas, haciéndole estremecerse y apartarse con ambos brazos. Tragó saliva y carraspeando un poco. Suspiró doblándose usando como suporte sus manos sobre los muslos.


-Anda ya… se te hará más tarde –soltó Paul a la vez que se ponía de pie y se arreglaba la camisa- Nos veremos en la mañana –acarició el cabello del joven que parecía hacer un esfuerzo mental para no ceder a su cuerpo.

-Claro… -simple respuesta de aquellos labios que Paul tanto apreciaba


Paul miraba con aprecio los años de paciencia que tenía con ese muchacho: William no era difícil, pero le causaba desazón ver la lucha entre cuerpo y mente. Para Will, todo tenía que estar bajo control y eso hacía que se frustrara más allá de lo comprensible. Todos los días preguntándose si hacía lo correcto, si esto o aquello era lo indicado… hasta… podía sentir algo de pena por un alma tan joven echa adulta de un tirón y sin tiempo de meditar lo que realmente deseaba, y asimilar que no por ser adulto se dejaba de ser un niño.


----


La mañana siguiente fue lo bastantemente despejada para sentir que se podía tener todos los sentidos activos y para William…sentir el valor suficiente para ver al dueño en jefe de la compañía: Leon Dodgson.

La empresa era dominada por Paul y Leon: Hermanos y compañeros gratamente en todos sus negocios, pero en privado, Paul solía recriminar la actitud de su hermano menor por los gastos que solía realizar sin darle avisos y por su parte; Leon, no parecía aceptar que alguien le marcara el límite a su “vida de Empresario” y como era costumbre… William terminaba en medio de los problemas.


-¡Buenos días! –Saludó Paul cuando el muchacho atravesó el umbral de la oficina con el saco en el brazo- ¿Dormiste bien? –preguntó tan radiante que hizo que Will dudara si podía decir que lo había hecho.

-Fue… una buena noche –contestó dejando el saco en el perchero- ¿Ya estás listo? –preguntó sentándose en el brazo del sofá

-¡Claro que sí! –exclamó Paul entrando al pasillo seguramente para ir a la cocina- ¡Si no fuera por ti ya me habría lanzado por la ventada!


El menor sonrió casi de inmediato, cruzándose de brazos… Paul tenía la habilidad casi inhumana de hacer que todo pareciera una comedia.


-Todo estará bien –aseguró el mayor saliendo con una taza de café perfumado- Quizás… sólo viene a decirme que gastó el doble de su ingreso mensual ¡y entonces! ¡Yo seré el que lo arroje por la ventana! ¡Ja!


… así era… ese dúo no podía ser de otra forma.

A pesar de la ligereza que tenía Paul acerca del tema, William pasaba una tortura casi insoportable, porque simplemente era el típico hombre que se preocupa demasiado y para él, era lógico y racional que todo estuviera donde debía ser. Cerca de la hora del té se sintió tan intranquilo que terminó dentro de la cocina: Asegurando que prepararía algo por si llegaba, mas habían pasado ya 15 minutos y él seguía con las manos sobre la superficie de la barra.


-William –escuchó la voz de Paul despertándolo de golpe de su mal sueño.


Antes de salir puso el pocillo al fuego lleno de agua; acomodó su saquillo y las mangas de la almidonada camisa. La voz de Paul saludando y el encontrar, cuando salió, a los hermanos en un abrazo fraternal; era un extraño anuncio de que pronto toda su tensión desaparecería pero… algo dentro de él, decía lo contrario: Que algo –no sabía qué- estaba por causarle aun más dolores de cabeza.


-¡Rodmell! –soltó Leon Dodgson cuando notó la presencia del muchacho- Que diferente te ves… -soltó metiendo las manos en los bolsillos del fino pantalón de casimir.

-Igual que Penélope… -soltó Paul con una sonrisa de lado

-¡Claro! –Exclamó Leon- Todos crecen tan rápido… ¿cuántos años tienes ya? –volvió la mirada al joven contador, levantando la cabeza con ese tono bastante elegante y que se podía asegurar, de todo un Casanova

-21 –contestó Will con una sonrisa, dando por hecho que estaba dentro de la plática

-¡Lo sabía! –soltó- Apenas eres un año mayor que Penny

-Solamente… -murmuró Paul mirando a Will con una sonrisa cómplice- Deberías casarte con ella…

-Ah… no creo… -intento decir el muchacho

-¡Quisiera! –interrumpió Leon- Pero esta tan encaprichada con… ése tal… -miró a su hermano mayor como buscando completar la oración

-¿Roger? –sonrió Paul aun con los brazos cruzados

-¡Exacto!... ¡me cuesta trabajo llevarle el ritmo a mi propia hija!

-¿no decía lo mismo papá de ti? –Preguntó Paul con una ceja levantada- Penélope… es joven, y llena de todo eso que debe tener la juventud ¿cuál es el problema?

-¡Dímelo cuando tengas hijos, Paul! –soltó el hermano menor

-Will –lo llamó Paul regresándolo de ese extraño silencio donde siempre lo dejaban cada que empezaban hablar de familia- Trae los registros del mes.

-Sí, señor –contestó el muchacho


Caminó con el paso necesariamente rápido para que no pareciera que estaba huyendo… pero tampoco lento. Era incómodo siempre estar en medio, era una pesadilla y más cuando Paul hacía “comentarios” que aun sabiendo William que era una broma pesada, hacía que se quedara sin la más mínima expresión verbal para huir … sencillamente balbuceaba casi como si le hubieran pedido que diera explicaciones de por qué el cielo era azul.

Buscó con rapidez -y algo de nerviosismo- las carpetas que ya tenía listas desde hace dos semanas y metiendo unas cuentas que había hecho la noche anterior para tenerlo “Totalmente actualizado”.


-Bueno… -murmuró Paul aun antes de que las cuentas llegaran a sus manos- ¿Qué piensas hacer antes de que la guerra nos alcance?

-¿De qué hablas? –soltó Leon cuando Will ya había dejado todo sobre el escritorio

-Tenemos excedentes por todos lados… -comentó Paul abriendo las carpetas para que su hermano menor las viera

-¿Y? Es bueno ¿no? ¡Excedente de todo! Más de dinero como veo… -soltó una risa de satisfacción total.

-Y de materia prima, y ¡de muchas cosas! –Miró Paul bastante ceñudo a su consanguíneo- ¡¿Qué piensas hacer con todo eso?!

-¡De eso no me encargo yo! –Reclamó Leon- ¡Es tu trabajo!

-¡No me vengas con eso! –exclamó el otro pegando en la mesa con la palma de la mano


Will había casi brincado con aquella acción… ¿no había dicho ya algo de discusiones? Así empezaba… todo tan… familiar y luego eran dos leones queriendo morderse y sacarse las vísceras hasta que alguno de los dos ganara o en el peor de los casos volteaban con él y decían: “¿Quién tiene la razón?!”.

Leon ya estaba de pie huyendo como siempre de los reclamos de Paul…


-¡¿Y qué quieres?! –reclamó el hermano menor

-¡Invirtamos!

-¡No! –negó rotundo sujetando el respaldo de la silla

-¿No? ¡¿POR QUÉ NO?!

-¡La última vez casi nos ahogamos con tus ideas de inversión!

-¡¡Fue en el 27!!... ¡¡cómo iba a saber que dos años después tendríamos esa crisis!!

-¡Tu eres el genio! ¡Dijiste: Invirtamos en la bolsa de valores!

-¡AH! –soltó exasperado- Escúchame… Leon, tenemos que hacer algo ¡Es dinero ocioso! No pierde ¡pero tampoco produce! ¡Sólo… esta allí en el banco haciendo telarañas!

-¡Y está perfecto allí! ¡No en tus cruzadas financieras!


… y Will (que casi se sentía como un mueble más de la habitación) se vio extrañamente identificado con las discusiones que solía tener con su propio hermano… era verdad, dinero que no usaban… solo estaba allí… no podían hacer nada.


-¡Leon! ¿¡Y la materia prima?! ¡No podemos comprar más si esa materia sigue allí! ¡El azúcar! ¡Cacao! ¡TODO! ¡No podemos decirle simplemente a los productores que no compraremos nada! –Le miró de forma aguda- Tenemos un trato de compra por adelantado de las mejores cosechas

-Tranquilo, Paul! –rió- El ejercito es el que compra toda la producción de chocolate ¿qué puede pasar?

-¡No puedes vivir con la idea que el ejercito comprará todo lo que produzcamos cuando la gente se aburre de las simples barras de chocolate! –Reclamó Paul- ¡No podemos seguir produciendo lo mismo! ¿No te das cuenta? Vendemos nuestro chocolate procesado a otras compañías de golosinas que ganan lo que deberíamos ganar nosotros y además ¡son capaces de mover su dinero!

-¿Golosinas?

-¡De acuerdo!... –soltó Paul haciendo una gran circunferencia sobre sus orbitas- … bombones

-¡Paul! –soltó Leon tirándose al sofá

-¡Conchitas, duja, delfin, erizo, gajos, ganche, gianduja, praliné, trufas!! ¡Por dios, Leon!! ¡Sabes que podemos hacerlo!

-¡¿Y a quién diablos lo venderíamos?! ¿¿Se te olvidó?? ¡Está empezando la guerra en oriente!

-… a los burgueses americanos y europeos…


Ambos hermanos voltearon al escuchar esa voz romper su burbuja de reclamos y discusiones de un sólo sentido. Will tragó saliva al sentirse atravesado por varios cuchillos en esas miradas que casi le decían “¡Eres un chiquillo!... no te metas en cosas de adultos” Aun así… dio dos pasos hacía el frente como un valiente que se enfrenta a un batallón.


-Podemos vender a la clase media y alta. Los chocolates trabajados como bombones se venden bien, haya guerra o no; son relativamente más caros, pero se pueden… manejar por pedido si ese es el caso, mas hay que utilizar un poco de ingenio para que lleguen al oído de las demás personas que no sea el ejercito…

-Ajá… -interrumpió Leon- ¿Y la maquinaria?

-El excedente puede pagar parte de ella –respondió el menor

-… pero no todo… -soltó de una forma aprensiva; poniéndose de pie y dándole la espalda a los dos financieros

-¡Podemos conseguir inversionistas! –soltó William

-Will… -le llamó Paul

-¡Sí! Podríamos hacerlo… -miró a Paul con esos ojos castaños llenos de un brillo casi celestial- Extranjeros, o nacionales; el excedente de materia prima se resolvería de ese modo… además que deberíamos renegociar los contratos, ya están a punto de expirar.

-Pero no sólo es cacao y azúcar, William –interrumpió Paul

-Pero podemos costear los gastos de los nuevos cargamentos –soltó mirando a su jefe- Podemos hacerlo, sólo… hay que hacer algunos ajustes y…

-¿Y las recetas? –Dijo Leon, mirando al duo monetario- Para entrar al mercado que quieren… no sólo… es maquinaria e ingredientes ¡Tú lo sabes, Paul!

-Podemos usar las recetas de la familia… -afirmó el mayor cruzándose de brazos, sin quitar la vista de su aprendiz ¿era alguna especie de mal sueño lo que estaba viviendo?

-¡Pamplinas! ¡No te las dieron la última vez!

-No, a mi no –sonrió de lado- Pero a William… quizás sí


…¿recetas? ¿A quién?... ¿le estaban dando el visto bueno?


-¿perdón? –soltó William

-¡Estás loco! –Soltó Leon- No se lo darían… a… tu aprendiz… Sin ofender Will


El menor negó varias veces como quitándole importancia, sólo mirando anonadado a Paul, que parecía entrar nuevamente a ese mundo que sólo él comprendía.


-Sabes… que por mucho que nos quieran… no hemos sido muy aceptados últimamente –soltó Paul con una sonrisa de lado aun más marcada, casi con un tono de burla- Así que… si tú, ni yo, las conseguimos… quizás William lo haga

-Yo… -trató de decir el susodicho

-¡Hecho!... arreglemos después la apuesta –Leon miró a su hermano mayor casi con reto- Tú pagaras… si cometes otro error que nos meta en problemas otra vez

-Trato hecho –Paul cerró las carpetas como si el caso estuviera cerrado- William, acompaña a Leon a la puerta

-No, no se apuren ¡conozco el camino! –rió tomando su abrigo y haciendo una leve despedida con un gesto de la cabeza- Tienen mucho trabajo por delante…


… había hecho un extraño trato con el diablo… o eso pensaba William aun congelado exactamente en el mismo lugar donde se le había ocurrido decir todas esas cosas ¿Qué diablos estaba pensando? Sencillamente se había puesto hablar, y defender una idea que ya viéndolo con detalle ¡era imposible! ¡¿De dónde diablos iba a sacar a todos esos inversionistas?! ¡Tenían razón, no sólo era materia prima! ¡También era comprar otra fábrica o dos!! ¿¡Qué había hecho?!


-Will –lo llamó Paul extasiado por esa expresión de pánico en el menor- Ya se fue Leon… ¿aun sigues aterrado?

-Sí… -susurró- Puedo… empezar a arreglar citas… y abriré tu agenda…

-¿mi agenda? –soltó Paul mirándole con una fingida confusión, la imitación perfecta de cuando un perro no entendía algo

-Sí… -miró a Paul intrigado… hasta que algo se le vino a la mente que hizo que abriera tan grande los ojos que le dolieron los parpados- ¡No! ¡No!... no, no, no, no….

-¡Tú fuiste el de la idea! –Rió- En cuanto me dijo que a quien le venderíamos me iba a dar por vencido… ¡No es fácil vender en estos tiempos!-sonrió de esa forma que Will adoraba… tan sínico y seguro de sí

-No… ¡Tú no lo lograste!

-¡Calla! –reclamó- Era el 27… dos años después tenía la depresión encima ¡Tú tienes una guerra que le puedes sacar provecho!

-¡¿Una guerra?!!

-Claro… las guerras son el mejor mercado, William… no pierdas esa visión… yo tengo que despedir al jefe de compras…

-Paul… -miró tan contrariado que casi causaba ternura- Yo… yo no tengo contactos…

-¡Claro que tienes! –Reclamó- ¡¡No te tengo aquí como para darte todas las respuestas!! –Soltó molesto- ¡Piensa William! ¡Eres más que un aprendiz! –Se acercó al menor hasta darle golpecitos en la frente- Sacaste a la empresa de tu familia de la quiebra, pagaste la hipoteca de la casa de tu madre, llegaste a esta empresa en su peor momento y me ayudaste a sacarla a flote ¡No eres sólo un neófito! ¡Y no te atrevas a fallar ahora, William Rodmell! ¡Eres un genio, diantre!


… pero para Will… el problema no era ser genio… era tener el temperamento que él… de verdad no creía tener.


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Soy un marciano que llegó a la tierra después que su nave se le descompuso los amortiguadores, me quede sin Té y no encontraba un baño decente en las estaciones espaciales Ò_Ó. Me la paso haciéndome el loco xD, escuchando música, leyendo, escribiendo, platicando y dibujando cuando no estoy haciendo todo lo demás. ¡Échenle una revisadita al blog antes de cerrar la pestaña de esta ventana por haber leído mis alucinaciones del día! XD
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