30 sept. 2010
Jajaja!! XD por fin después de mucho tiempo de no presentarme aquí ¡por fin traje algo!
Es un dibujo que ya tenía que terminar desde hace mucho, aun tengo algo de prisa porque aun tengo un regalo que terminar ;D y espero acabarlo el día exacto.... JAJAJA! bueno... por el momento aquí se queda este dibujo.

Su nombre es Narayan Bharat, es un OCs Hetalia para el país de India. Lo utilicé para un rol y me agradó tanto xD que creo lo seguiré dibujando más.

Aquí en el Blog sólo dejo una muestra del dibujo para verlo completo los invito que se paseen por mi deviant: http://x0xsiddharthax0x.deviantart.com/#/d2ztnvw

9 sept. 2010
Autor: YO -Dango-
Titulo: Chocolate Amargo
Fandom: Original
Advertencias: Vamos tranquilos
Capítulo: 1º "Mezcla"

En ocasiones la humanidad no aprecia el significado de la Historia, no importa si es por cuestiones de desidia o negación. Muchas veces los humanos cargamos un lastre de generaciones que cuando llegamos a este mundo no podemos comprender, pero es necesario seguirlo para encajar en la sociedad y en el mismo núcleo familiar; aunque la Historia como tal no es parte de esto, si no: Sólo el registro de cómo los humanos hemos pasado por el tiempo desde que somos capaces de registrarla y que siempre caemos con la misma piedra sea por ignorancia o intereses personales.

El mundo como tal está bien dirigido a la curiosidad y al constante cambio; en ocasiones bueno, en ocasiones malo. Nadie puede asegurar que las medidas que se toman hoy, serán un desastre después, pero… aun en los malos momentos ¿quién puede despreciar un dulce?... ¿un chocolate tal vez? Ya sabes, ese simple detalle que hace que la vida no sea tan patética y absurda: Fuera por el alto contenido calórico, o segregación de neurotransmisores. Nadie puede negar que el aroma de esta golosina abre el apetito y casi el pecador deseo de comerlo lentamente hasta que toda la lengua es cubierta y el aroma nos invade por dentro… ¿cómo explicarlo?...

Hay personas que no disfrutan tanto el chocolate: Toda una vida comiéndolo se vuelve insoportable ¿sabes? Cuando el chocolate se asocia a los negocios, deber y desastres familiares le convierte en un agrio sabor de boca en lugar de la delicia perfumada, o algo así le pasa a William mientras observa a su madre partir un gran pastel de chocolate para sus sobrinos; todos como buenos niños, no pueden esperar para recibir un pedacito de aquel postre, pero Will no tiene nada de especial.


-Cariño, toma –le dijo la mujer para llamar su atención y dejar una de esas rebanadas frente a él.


Will apenas levantó la mirada de la mesa cuando su madre le dejó el postre. Su mirada escasamente captó el brillo de la sencilla gargantilla de perlas que combinaba con el vestido blanco con un corte típico de la moda de ese año: 1936.


-Tío –otra vocecita que termina de despertarlo de su sueño

-¿Quieres mi pastel, annie? –respondió Will a esa miradita color verde que observaba el pastel con la cereza.

-¡Sí! ¿Puedo llevármelo?

-Sólo no le digas a tu abuela –sonrió William entregándole el plato a la niña que corrió riéndose con el resto de los chicos

-¡Will! –la voz aprensiva de su madre y la mirada cejuda le advierte de los reclamos- ¡La conscientes demasiado!

-Eso mismo le decías a mi padre cuando se trataba de nosotros –sonrió de esa forma que bien aprendió de su progenitor para ganarse la disculpa de su madre.


La mujer sólo suspiró para sonreír levemente, sus labios se movieron para decirle algo, pero los apretó meditando de nuevo la idea. Al fondo las risitas de los niños que iban y venían, su hermano con su cuñada estaban entre ellos.


-William, ¿Cómo pretendes llevar tu trabajo en una Compañía Chocolatera, si ni siquiera te gusta el chocolate? Déjale eso a tu hermano, tú padre igual te adoraría si decides dedicarte a la administración de otra compañía… -aseguró su madre a pesar de morderse el labio- Sabes que en éste tiempo es difícil vivir, pero no puedes pasar la vida en algo que no te gusta

-¡Mamá! Yo sólo estoy encargándome de los números que entran y salen, ¡Jamás podría hacer un dulce aunque quisiera! –Rió para levantarse y darle un beso en la frente- Además soy un aprendiz… ya luego…quizás trabaje en otra cosa

-Pero… Will…

-Estaré bien –sonrió como siempre para caminar por su gabardina- Ya me tengo que ir, cuídate y nos veremos mañana ¿de acuerdo?

-Despídete de tu hermano –soltó su madre pasándose la mano preocupadamente por el cuello.


Sonrió de lado para caminar al patio de la casa: Amplio y bien cuidado; más en esa época del año cuando las flores retoñaban y enamoraban a los visitantes con sus colores. Divisó a su cuñada a la cual despidió con un beso en la mejilla y su sobrina más pequeña que ya estaba en los brazos de su madre con la carita llena del pastel.


-¡¿Qué?! ¿Ya te vas? –soltó su hermano mayor cuando le vio venir con la gabardina en el brazo.

-Sí, tengo que regresar al trabajo

-¡Ah! ¡Resulta! Eres igual a papá: Un adicto al trabajo –se rió Evan para abrazar a su hermanito por los hombros- Es la fiesta de tus sobrinos ¿hace cuánto que no celebramos algo de esta forma?

-¡No empieces con eso! –rió Will- Evan, tu sabes que no puedo descuidar el trabajo

-Claro… sabes… papá nunca estuvo de acuerdo en que te unieras a la compañía en la que estamos –le sujetó del hombro para que lo viera a los ojos- La fábrica es de nuestra familia, la materia prima, y las recetas las tenemos nosotros; Su sueño era que nosotros formáramos una compañía independiente

-¿Con qué dinero, Evan? –Interrumpió el menor- Los bancos apenas y se pueden mantener, la inflación está por los cielos ¡no podemos arriesgarnos!

-¡Tú nunca te arriesgas! –soltó en un tono casi encaprichado

-Evan…

-¡No sabes del negocio! No te gusta, mucho menos te apasiona; Simplemente lo haces porque siempre ha sido así ¿no? –suspiró- Aprecio mucho tu trabajo, igualmente como papá lo hizo cuando sacaste del problema a la fábrica el día que se nos vino abajo nuestras acciones, e igual la familia Dodgson y por eso Paul te llevó con él ahora, pero… sin pasión, ni apreció… no llegarás lejos, hermanito.


Le dio unas palmadas en el hombro para dejarlo ir cuando uno de los niños se acercó para ser cargado. Claro… eso ya lo sabía, lo sabía desde hace mucho ¿pero dónde encontraría trabajo? Era difícil hacerlo a pesar de que estuvieran… en una relativa recuperación. Respiró profundo para ir de nuevo a la puerta siendo momentáneamente interceptado por su madre que le dio un pequeño envoltorio con pastel para su jefe. En cuanto estuvo afuera, volteo para analizar la fachada al estilo victoriano; con sus macetas en el balcón y las enredaderas por los postes que le sostenían: Esto era de lo poco que les había quedado después de la caída de la bolsa. Por suerte, ya ni la casa de su madre, ni la fábrica estaban hipotecadas pero eso había costado años de duro trabajo.

William Rodmell quizás no era la persona más interesante de toda New York: Era un muchacho –ya un adulto para la época- que vivía el día como debía de ser. Siempre puntual, bien educado, alguien preparado que sólo temía a los riesgos innecesarios; Aunque naturalmente era más sensato y terral de lo que la gente podía ver.

A diferencia de lo que decía su familia: Sí le gustaba su trabajo, era emocionante en muchos sentidos estar tras un escritorio… o al menos así lo veía cuando llegaban las nuevas cuentas del mes. El emocionante mundo de los números con los cuales podía manipular la compañía. Para William los sentimientos no debían ser complejos, sólo intuiciones que le permitían saber cuando alguien le quería tomar el pelo con cuentas alteradas en las compras de las materias primas importadas.

Subió al vagón del tranvía casi en un brinco. Sonrió a su vecino de asiento como simple cortesía y sacó de su gabardina el libro que le habían regalado hace poco: Un relato lleno de fantasía y un mundo totalmente parido de la mente del escritor. A pesar de todo, William no era una maquinaria suiza: Amaba la lectura, mientras más fantástica e irreal fuera, más le gustaba; cosa que su hermano solía usar en su contra cuando quería molestarlo, diciéndole que era un “niño” por sus gustos literarios, pero no toda la vida iba a estar pegado a sus cuentas, ni a la pluma fuente… nada de eso era absoluto para él. Mientras leía podía ignorar su alrededor por completo y viajar por todos esos lugares que no se imaginaba pudieran existir; era una sensación que lo embargaba de pies a cabeza: Juraba poder oler la hierba silvestre, el sonido del viento corriendo libremente por la pradera y hasta escuchar quizás el choque de las espadas si el relato tenía escenas de guerra.

Levantó la mirada de su libro cuando sintió la suave brisa pegar contra su cara… cerró los ojos deseando por un segundo que el mundo se detuviera… y sabía nunca pasaría, pero era un extraño soplo que le decía volviera a la realidad ¡Y justo a tiempo! Bajó casi corriendo al notar que ya estaba justamente enfrente de la compañía. Era una burla que siempre le pasara lo mismo cuando iba perdido es su cabeza, ¡tan distraído! Y eso lo hacía renegar de sí mientras corría al elevador, siempre pensando: “¡Tonto! Deberías dejar de soñar despierto”. Salió del ascensor sin perder el paso.

La Compañía Chocolatera Dodgson era completamente dueña de ese edificio con varios pisos, todos bien acondicionados para la labor administrativa, de reuniones y demás necesidades formales. Aunque conocía bien que en los dos últimos pisos vivía el verdadero Administrador de la empresa, no era el dueño, pero si controlaba todas las acciones y recursos. Respiró profundo cuando se encontró en la puerta de la oficina; una oficina bastante respetable si se podía llamar de alguna forma al espacio de casi tres cuartos de todo el piso, sólo compartía espacio con el archivo de contabilidad al cual tenía que entrar cada que su Jefe se lo pedía. El aroma a cigarrillo que siempre tenía el lugar después de la hora de la comida le parecía molesto, pero por más que le pedía a su jefe que abriera las ventanas cuando fumaba, el otro sólo se reía y le decía que no le privara del gusto de verle sufrir por el aire enrarecido. Andando por la sala de la oficina para abrir los ventanales, le intrigó el hecho de que parecía que a Paul Dodgson se lo había tragado la tierra, sólo había dejado el cenicero como siempre repleto de colillas. Recargando el brazo en el marco de la ventana, feliz de que el aire limpio llenara el lugar. Miró desde ese sitio la ciudad debajo de él: Era un edificio bastante alto para la época, muy tradicional y con decoraciones clásicas en mármol, de nuevo esa brisa que parecía querer despertarlo pero no lo conseguía mientras que pensaba en dónde se habría metido Paul. Tenían mucho trabajo, bueno, más bien… su jefe tenía mucho trabajo, pero el que se metía en problemas era William cuando los papeles no estaban a tiempo.

Se giró de nuevo hacía la oficina, mirándole con cierta nostalgia. El primer día que piso dentro para trabajar se sintió minúsculo a comparación de todo en el interior. Para empezar había una división entre lo que podría llamar su oficina, y en la que estaba ahora: Por una puerta de caoba corrediza, tallada y bien barnizada, con dos vitrales en los cuales Mr. Dodgson solía echarle una mirada con los brazos cruzados para desconcentrarlo de su trabajo ya que sabía bien que William parecía demasiado sensible a las miradas fijas. Los muebles de ambas oficinas eran de cuero, buenos escritorios, aunque el suyo era más austero a comparación del de roble; que tuvo que limpiar de las cenizas que se escaparon del cenicero. Ya dentro de la oficina principal, estaban tres libreros cubriendo una pared, la sala con la mesita de centro de madera con un vitral. Realmente todo le encantaba de ese lugar, aun la alfombra que Paul detestaba por ser un regalo “De mal Gusto” de parte de su hermano menor.


-¡Dios! Creí que te ganaría –Dijo el hombre que entró a la oficina dejando ambas puertas abiertas a su paso como siempre acostumbraba- El Banco estaba repleto –soltó caminando al escritorio- ¡Un mar de locos!... en… ocasiones –deslizó las manos por el escritorio, mirando cejudamente la superficie- No entiendo a la gente, ¿sabes?... –levantó la mirada al muchacho que ya estaba sentado en el brazo del sillón mirándole tan suspicaz como bien se le conocía a William- Tú los tienes…

-¿Firmó los papeles que le pedí antes de irme, Mr. Dodgson? –preguntó William como una rutinaria y una sonrisa de lado

-¿Me los darás si te digo que sí? –preguntó Paul

-Puede ser… primero tengo que verlos

-¡Tan listo! –soltó Paul con una sonrisa negando y sacando la pluma fuente del bolsillo.


El castaño se acercó para mirar como Paul firmaba papel, tras papel en la línea que siempre le indicaba donde hacerlo. Un hombre diferente… o al menos eso siempre había pensado: Con esa imagen despreocupaba pero siempre bien vestido, con el cabello negro; ya con algunas canas, recortado, al igual que la barba; Las facciones afiladas pero bien masculinas, no parecía un contador experimentado en una compañía internacional, si no algún tipo de estrella de cine consumada. Paul le entregó los papeles, extendiendo la mano después de ello.


-Dámelos… -dijo mirándolo desde abajo con esos penetrantes ojos verdes

-Ni siquiera lo leíste, podría estar haciendo que firmes tu testamento a mi favor y tú ni enterado –tomó los papeles ignorando esa mano como la de un niño que pide dulces.

-¡JA! –soltó con una de esas sonrisas que parecía le eran fáciles todo el tiempo- Tu no podrías hacer eso, William, ¡por eso estas aquí! Eres demasiado honesto y leal… tan…

-No quiero saberlo –interrumpió el menor para caminar a su sección

-¡Oye! ¡Mis cigarros!

-En el cajón de la izquierda –cerró como poniendo punto y aparte al tema


Se derrumbó sobre su silla, mirando frente a él… debía comprarse algo para llenar ese espacio en blanco que le irritaba, le hacía sentirse algo encerrado a pesar de que tenía tres ventanas en la oficina. Volteo sin ninguna intención hacía la puerta que dividía las oficinas, mirando por los cristales de colores al Jefe fumando en la ventana.

De nuevo en el trabajo se sintió atacado por las palabras de su familia, aunque eso no hacía que dejara de firmar, redactar y acomodar papeles dentro de la carpeta; luego los libros de cuenta, las facturas… los ingresos, todo tenía que estar en orden para que pudiera ser feliz y nada imprevisto le arruinara el día. Sinceramente eso era interesante, tanto que podía perder el tiempo sin darse cuenta si se mantenía unido a los números, letras y el sonido del teléfono que quizás nunca paraba en las horas de trabajo. Al igual que debía ser sincero, no era sólo un contador, era una especie de secretario e intermediario entre todo lo que pasaba y el hombre que estaba dentro de la oficina leyendo seguramente alguna nueva novela de misterio como solía hacerlo mientras que William sobrecalentaba su cerebro. Con la atención en la mensajería que acaba de llegar, la tensión en los músculos mientras que leía y corregía palabras… esa sensación… la ignoró… en realidad era imposible hacerlo. Levantó la mirada para ver a Paul recargado en la puerta mirándole tan fijo como un gato, con los brazos cruzados y la sonrisa socarrona; hizo un gesto señalando el reloj de pulsera. Will volteo al reloj de pared que tenía a sus espaldas, haciendo que pegara un brinco al darse cuenta que ya era hora de la merienda.

Abrió las puertas corredizas haciendo a un lado al Jefe. Empezaba a darse cuenta que era lo que pondría frente a él: Un reloj. Dentro de la oficina principal y atrás de una discreta puerta estaba un pasillo que llevaba a una cocina y dos baños: A causa del trabajo en ocasiones tenían que quedarse durante la noche o ni siquiera salir a comer.


-Dodgso… -empezó hablar caminando a la entrada de la cocina, tropezando con su líder que le sujetó de los brazos para que no cayera

-Paul… -soltó el mayor- ¿Cuándo me llamarás por mi nombre, Will?


Una mirada suspicaz de parte de William, sin ningún tipo de expresión sobre el aura casi paternal del otro. Respiró profundo, volteando hacía el mueble de la despensa y tomar la cajita de té. Se sonrió de lado cuando notó como Paul deseaba agregar algo a la conversación pero se retracto; eso era poco usual en él, siempre tan impetuoso y activo. En esos momentos parecía que el mayor se transformaba en un joven, a pesar de su carácter original.


-No me gusta hacerlo en horas de trabajo –respondió sencillo al tomar la tetera

-Siempre me llamas por mi apellido –Paul avanzó dentro de la pequeña cocina, robándole espacio de huida al castaño

-Costumbre…

-¡Deja de evitarme! –soltó con una risa y tomando a Will de los hombros para que lo viera a los ojos- Hazlo…

-No, entien…

-Hazlo –interrumpió el otro mirándole a los ojos.

-No es correcto, ¡en ningún momento lo ha sido! –Miró a su jefe molesto al ver como bajaba la cabeza mientras que negaba y reía- ¡No es broma! ¡La sodomía es ilegal!

-¡Y el alcohol también! ¡Di mi nombre! –insistió Paul interrumpiendo.

-¡El alcohol es legal desde hace tres años! –reclamó William soltándose del otro

-¿Sigues molesto por qué aun no admites que esto te gusta? –Se recargó en la barra impecablemente blanca- ¿Te forcé? –Buscó la mirada del menor

-No… -levantó la vista de la tetera- Si alguien llega a saberlo, estarás en problemas…

-No importa –se acercó para abrazarle por los hombros, sonriendo tan confiado como siempre- Puedo vivir con ello… puedo llevarte conmigo a Londres… o al Trópico, te hace falta algo de color. Ahora… dilo –insistió

-¿Por qué todo lo haces parecer como si el mundo fuera tan fácil? –Sonrió de lado entrelazando sus dedos con los del otro- Todo…

-Nada es para siempre –murmuró Paul mirándole lo mejor que podía- Pero eso no impide… que yo diga que así será, y que tú no puedes admirar lo que yo veo en ti

-¿Un trasero fácil? –soltó irónico

-No me hagas enojar, William –El tono de Paul se volvió aprensivo para abrazarlo con más fuerza, pegándole mejor a su cuerpo, sintiendo el aroma de esa piel- Nunca tientes demasiado tu suerte a una mala tirada –recargó la frente en el hombro del menor

-Paul –Soltó sonriendo de lado y negando


Sólo rió por lo bajo aun con los brazos rodeando el pecho de Will. Cosas de este tipo eran las que William consideraba inaceptables mientras que estaban trabajando, ¿pero qué podía hacer? Era tan débil en ocasiones, ganándose sus propios reproches acerca de su debilidad y lo enfermo que podía estar, no era fácil admitir que las mujeres sólo le traían como compañías amistosas o de negocios, pero nunca sentía atracción física, si no una intelectual que reconocía más como una pura amistad. Paul… parecía no tener problema en aceptarse en los defectos y virtudes; dejaba que las cosas tomaran su camino cuidando de ser paciente en poner las piedritas alrededor del sendero; un hombre maduro con aspiraciones bien claras, y abrumador con su presencia. Era tan diferente del siempre preocupado Will que ahora después de la merienda volvía a sentarse frente a su escritorio para seguir llenando formas, y aun preguntándose qué si era realmente cierto lo que todos decían de su profesión ¿valía la pena seguir trabajando en un lugar que quizás jamás entendería?


Hay buenas formas de pedir las cosas xD

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Soy un marciano que llegó a la tierra después que su nave se le descompuso los amortiguadores, me quede sin Té y no encontraba un baño decente en las estaciones espaciales Ò_Ó. Me la paso haciéndome el loco xD, escuchando música, leyendo, escribiendo, platicando y dibujando cuando no estoy haciendo todo lo demás. ¡Échenle una revisadita al blog antes de cerrar la pestaña de esta ventana por haber leído mis alucinaciones del día! XD
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