22 mar. 2011

Bueno, xD aquí dejo otra foto de lo que he hecho.
16 mar. 2011
Si, señores! soy un novato papiroflexomano???... ok... ese termino, estoy seguro que no existe xD, pero igual me divierto hacer cosas con mis papelitos de colores. Esto es un poco de lo que he hecho: MUCHAS GRULLAS... y corazones, XD los corazones van en el paquete, pero igual es genial hacerlos.
El tamaño de las figuras va desde una hoja de papel -la grulla negra y los dos corazones grandes- hasta un poco menos de un decimo de hoja.
Veremos luego como iré progresando en esto del origami.
(Saludos y despedidas, xD que ya tenía abandonado este lugarcito)
11 feb. 2011

Hoy 11 de Febrero del 2011, a las 22:21 en México; lo digo de corazón ¡México está cansado!


¿No están hartos? ¿No se cansan de recibir la misma noticia todos los días? ¡Amigos! ¡Camaradas!¡Conocidos y por conocer! ¡¿NO ESTAN CANSADOS?!


México es un país con una biodiversidad incalculable monetariamente, somos un territorio rico en cultura ¡sedientos de lograr el bien! ¡¿Qué estamos esperando?! Entendamos que México no va a cambiar mañana, ni pasado ¡TIENE QUE CAMBIAR AHORA! Porque en el ahora se forja el futuro…


Adultos, jóvenes, ¡nosotros somos lo que México requiere! Nadie nos va a dar nada, papá gobierno –sin importar quien rayos este en el poder ahora- no nos está llevando nada, porque desgraciadamente no somos capaces de ver más allá del interés obsesivo de fregar al vecino. ¡No es justo! Siempre decimos: Mientras que YO esté bien, todo alrededor mío puede seguir.


¿De qué sirve lamentar el pasado? Si no podemos aprender de él. Lectores… yo no soy un intelectual, ni un político, ni alguien que sepa demasiado, hasta me disculpo por mis errores de redacción, pero soy una persona con los mismos problemas de cualquiera y esto no es un grito vacio por el mismo pan de todos los días; es un llamado a despertar a la sociedad.


México está cansado de ser el hazmerreir del mundo.


México está cansado de ser violentado, destruido y desgarrado por quienes no son capaces de ver que con la sangre sólo consigue un suelo infértil lleno de odio, desconfianza y desprecio.


México somos TODOS.


Ya basta de los mismos discursos, el pueblo no es tonto; por más programas basura, ridículos métodos de pánico; aun existen personas que podemos ver que México está herido y necesita sanar.


No más tratos bajo el agua, no más engaños con la economía del país, ya no más ignorancia para el pueblo. ¿De qué sirven sus millones en programas de apoyo? Si no cultivas al pueblo, si no les quitas su etiqueta de “borregos”.


Qué fácil es decir “El futuro son nuestros hijos” “A mí no me toca” “Ya veremos” “Mañana lo hago” “Estoy deprimido”-sin saber realmente que es eso- “Todo es caos” Cuando no hacemos absolutamente nada para cambiarlo. Ya basta de sujetar cadenas… por favor… si alguien lee esto de verdad y lo comprendió, haga un llamado a su conciencia: ESTO NO ES UNA CADENA, no pido que copien mi opinión y la prostituyan como un panfleto del gobierno, lo que yo deseo de todo corazón, es que podamos evolucionar y mantenernos en ese crecimiento.


Y cómo siempre es primer lugar decir: YO SOY MEXICANO


Porque esta patria es preciosa, pero nos toca a cada uno de nosotros (seas de la tercera edad, adulto, joven o niño) hacer algo.


Y en segundo, saber lo que es: RESPETO


Porque el respeto implica muchas cosas que parece todos hemos olvidado.


Para terminar, sé que muchos después de leer esto seguirán con lo suyo, pero por favor, se los ruego… no sólo yo, si no todas esas personas que han vivido todos los días con el pesar en su pecho de ver a su amada patria siendo corrompida…


Por favor… vive para México, porque no es sólo un adjetivo, no es sólo tierra y mar… es un pequeño universo donde vivimos todos. No tomemos los malos ejemplos para usarlos como nuestros, México siempre ha recibido con los brazos abiertos, con cariño y hospitalidad… no dejemos que eso muera ¿Para qué sirven las armas? Si hemos olvidado a quien protegemos ¿Para qué sirve la sangre? Si no la derramas por las razones correctas.

9 feb. 2011
Autor: YO -Dango-
Titulo: Chocolate Amargo
Fandom: Original
Advertencias: Yaoi
Capítulo: 3º "Tabaco y Chocolate"

Cuando eres joven sueles vivir con la idea de que no necesitas apoyo, que eres invencible y casi un héroe… claro, hasta que llegan los problemas a tu vida y entonces intentarás correr amedrentado.

El mundo de los negocios suele parecer fácil si sabes hablar con la gente indicada y aquello, William lo deducía muy bien. Aunque Paul le había asegurado que era un genio por encima de muchos grandes jóvenes de la época, del mismo modo podía asegurar algo que ni el gran señor Dodgson podía negar: Carecía de experiencia fuera de su cómodo escritorio. Era fácil controlar el mundo desde allí y todos se movían alrededor de él, era una zona de confort tan agradable que el pánico ahora le recorría cada centímetro de su ser; y debía admitir vergonzosamente que era dependiente socialmente de su jefe, porque sin sus contactos… William Rodmell era un total desconocido.

Aunque pareciera cosa de sólo hacer algunas llamadas, Will había tenido que dejar su encantadora rutina para tomar el maletín y andar pro una seria lista de gente conocida… y que también desconocía, con un sólo objetivo: Encontrar patrocinio. Por más de una vez en el mes quiso tirar la toalla y correr a tierras altas, pero en su lugar sólo escuchaba la voz de su mentor picándole el orgullo o jugando con su ternura para sacarlo de esos ataques de histeria que solía sufrir cuando era retado por los empresarios a los cuales pedía apoyo.


-¡Paul! –gritó William cuando entró a la oficina y encontró su pobre escritorio lleno de papeles, carpetas, y demás libretas medio abiertas.


¡Eso era como destripar su pobre esperanza de sentarse por 15 minutos en un relativo orden! Pero al escuchar sólo una risa en el interior de la parte de la oficina de su jefe, se sintió casi enfurecido por su poco tacto. Aunque… si lo pensaba detenidamente: Él seguía siendo el único responsable de su condición actual… sólo porque había abierto demasiado la boca.


-¡Paul! –repitió abriendo las puertas corredizas de par en par- ¡Qué dia… -se atragantó de repente al notar que el dueño de su malestar no estaba solo.

-¡Vaya! ¡Has vuelto! –soltó el mayor con una sonrisa de lado- William… creo que ya conoces a mi sobrina Penélope ¿verdad?

-Sí… -respondió sintiendo que el calor poseía sus mejillas tan rápido que casi se vaporizaba

-Lo siento –soltó la muchacha que se levantaba del sofá dejando la taza de…¿chocolate? En la mesita de centro- Will… hace tanto

-Tanto tiempo –completó el muchacho con una discreta sonrisa


¿Porqué debía pasar la vergüenza de una vida delante de Penélope Dodgson? Aunque… todos cariñosamente la llamaban Penny, para él siempre era Penélope… cosas que su padre le había casi incrustado en la cabeza cuando los habían presentado de niños… hace mucho tiempo.

Penny, era tal vez el concepto de mujer moderna: Llena de vitalidad, fortaleza, y la sensación de fiereza en la mirada; toda una intelectual, pronto graduada de la universidad y durante un tiempo habían sido compañeros en esa ofician. Era igualmente una chica hermosa: De melena castaña y las puntas de los marcados rulos se volvía casi rubia; piel blanca como la de Paul y la iris azul como las de su madre… bueno… tenía muchas cualidades físicas que hacía que William dudara desde que tenía memoria de sus gustos.


-…después de estar en casa, decidí venir un rato ¡los viajes son tan aburridos ahora! Mi padre insiste viajar en avión ¡pero es imposible leer algo allá arriba! –Fue quizás lo único que William captó de lo que le narraba Penélope, era… difícil concentrarse cuando ella lo miraba

-Querida –la llamó su tío casi a punto de descoyuntarse

-¿Sí? –preguntó la muchacha volteando al mismo tiempo que Will reaccionaba del hipnosis que tenía.

-Leon adora todo lo nuevo… incluyendo a William –Acotó Paul riéndose de la cara del susodicho que del rojo pasaba al pálido

-¡Cierto! ¡Papá me contó! –exclamó la ojiazul para mirar a su compañero- No tengas miedo, Will –sonrió, dándole unos golpecitos en el saquillo- Por más duros que los veas, ninguno de esos viejos empresarios, muerde… -murmuró casi solo para ellos


Penny volteo con una expresión de total pesar cuando escuchó el sonido del reloj marcando las cinco de la tarde, ¿alguna cita pendiente quizás? Aunque para el muchacho no significaba absolutamente nada más que una charla no completada… o quizás no sería así, cuando sintió la mano de la menor apretando su brazo.


-Ya me voy, tío –soltó la muchacha tan alegre como siempre- Me llevo a Will para que me acompañe a la salida, ¿irás a cenar mañana?

-Es muy probable, querida –respondió Paul tan divertido con la escena que no se entrometió a pesar de que su aprendiz estaba tan entorpecido que quizás podía chocar contra algo.


Paul no podía evitar pensar que William estaba lleno de una ingenuidad impropia de su talento, aun seguía pareciendo un niño cuando era puesto en situaciones tan improvisadas, pero ¿podía imaginar que eso era parte de su encanto? Qué esa mirada perdida y casi suplicante que solía ponerle cuando no comprendía algo era por las miles de razones que se había sentido tan atraído por él que no le había importado transgredir la promesa que había hecho a Evan Rodmell de cuidar a su hijo menor, ya qué, debía ser sincero: Evan Jr. Rodmell era mucho más competente con la vida competitiva que su hermano.


---


-¡Will! ¿Qué piensas hacer ahora que eres un importante agente de nuestra empresa??- preguntó Penélope engrosando un poco la voz seguramente intentando imitar a su padre.

-… llorar… -soltó Will con una sonrisa de lado cuando entró al ascensor con la chica

-¡¡William!! –reclamó la muchacha- ¡No seas tonto! ¡Hablo en serio!

-¡Es en serio! –dijo Will riéndose- De verdad… -se recargó contra la pared- He pasado todo un mes volviéndome loco… de 20 personas que he visitado sólo he conseguido el apoyo de 5 ¿sabes cuánto es eso?... nada –la miró

-… más bien, casi nada –respondió Penny- Mi padre no creyó que juntarás a uno solo –sonrió mirándole de reojo

-Eso no es nada reconfortante, Penélope –acotó metiendo las manos en los bolsillos

-¡Sí lo es! ¡Ni siquiera debería decirte por lo que vine! –soltó herida

-¿Qué? –soltó por inercia- ¡Penélope! ¡Dime! –pidió acercándose a ella

-¡No! ¡No te lo mereces!... te la has pasado quejándote, ¡no quiero gente así en mi empresa!

-¡Tu empresa! ¡No sueñes tanto! –rió- ¡Aun no es tuya! –exclamó Will

-¡Ah!... ahora menos te digo

-Dime –pidió abrazándole de la cintura, haciéndo reír a la chica hasta que le metió un codazo

-Deberías viajar a Francia, a Paris para ser más exacta –volteo con su amigo de la infancia que se frotaba el costado- Y busca a Aurélie Dodgson, seguro que la encuentras

-Pero… -dijo Will viéndose interrumpido por un dedo que cubrió sus labios

-Nada… sólo hazlo… Mi tío tiene una fe sobrehumana en ti, William –le miró a los ojos para volver a dar golpecitos sobre su pecho cuando se abrió el ascensor- Nos veremos después, Will –se despidió sencilla saliendo sin voltear atrás.


¿Alguna vez se imaginó un aliado tan poderoso?... aunque también podía decir que era mejor tener a los enemigos aun más cerca que los amigos, porque sabía que Penélope podía obstruirle el paso si quería.

De regreso en la oficina, soltó un largo suspiro al notar que el escritorio seguía tan abarrotado como hace 15 minutos que había entrado. Siguió hasta la parte de Paul que firmaba unas cosas tan centrado que parecía no le había notado de vuelta… por él, estaba bien. Podía notar con detalle esa expresión centrada y “petulante” que tenía cuando leía o trabajaba. A pesar de que Leon tenía todo el tipo de un Casanova… Paul era una adecuada mezcla de unos rasgos varoniles y de edad madura, casi… como una de esas estatuas griegas de proporciones perfectas.


-Te recomiendo que no le des tantas ilusiones –dijo Paul sin quitar los ojos del papel

-¿Ilusiones? –preguntó Will caminando hacía él

-Sí, ilusiones –miró al menor- Penny es joven, y se encariña con facilidad de quien sea afectuosa con ella… me atrevo a decir que totalmente contraría a su hermano–rió

-¿Crees que le doy alas? –preguntó Will cruzándose de brazos

-Un poco –se sinceró- Ella vino aquí tan emocionada que de verdad me lo pareció –suspiró- ¿O te gusta Penny?


Debía ser claro… Paul nunca se había caracterizado por darle vuelta a los asuntos… además… al final era su sobrina, no quería que un muchacho, que no sabía bien que era lo que buscaba, la hiriera. Era viejo, y nada tonto; por otro lado… Will se sintió abrumado por la pregunta “¿amaba a Penny?” … ¡porque sí le gustaba! ¡Su actitud! ¡su cuerpo!... pero… por Penny sólo surgía la complicidad, la camarería casi de hermanos… pero más que le gustara… no le deseaba, tampoco le encantaba; solían discutir por cosas casi tontas y era como ver a Leon y Paul el día anterior… eso no era el amor del cual sabía Paul se refería.


-Eres libre de escoger lo que crees adecuado para ti, Will –dijo Paul- Esto –hizo un leve gesto con la mano refiriéndose a ellos- Tal vez yo lo juzgo mal, creyendo que es lo indicado

-… pero al final yo lo elegí –murmuró el castaño- Puedo decir que está mal, pero no es incorrecto ¿verdad? –levantó la mirada hasta que sus ojos cafés chocaron con los verdes de Paul, arrebatándole un suspiro

-No, no lo es –se levantó para caminar hacía el muchacho, enredando sus dedos en el cabello de la nuca del otro- Pero eres libre de amar a quien desees… eres más de lo que te imaginas, William

-¿Por qué siempre dices eso? –rió dándole un empujón en juego

-Porque los eres, niño tonto –soltó empujándole contra el sillón, quedando sobre de Will, sonriéndole con esa sensualidad varonil y consumada que hacía que el menor se quedara totalmente extasiado con sólo observarle- No lo dudes, pero tampoco te sobrevalores o será tu ruina, William

-¿Consejos de un anciano? –murmuró Will riéndose de la expresión de apretar los dientes de Paul para no contestarle

-He llegado… a creer que tienes cierto complejo de Edipo –levantó una ceja deslizando las manos por la cintura del otro, suave, casi imperceptible

-… no lo creo –respondió pasando un brazo por el cuello del mayor- Mi padre te llevaba 10 años… es demasiada diferencia...


La voz de Will sea volvía cada vez más débil cuando notaba como la distancia entre su rostro y el de su mentor se reducía a unos endemoniados milímetros que desaparecieron con sólo levantar un poco la cabeza. Aunque desde que tenía memoria odiaba el olor del cigarrillo se había acostumbrado absurdamente a la mezcla que tenía Paul… algo así como tabaco y chocolate, ya que su amante, a diferencia suya, disfrutaba de aquella golosina casi como un niño. Las manos del ojiverde ya estaban acariciando su espalda por debajo de la camisa; manos tan fuertes y bien diseñadas existían para delinear cada músculo y hasta las vertebras que llegaban a marcársele en cada contorsión por intentar escapar.


-…Pa…paul… aquí no… -murmuró torpemente mientras sujetaba al otro con fuerza del brazo.

-¿Eh?... ¡piensas detenerme ahora! –soltó casi como un capricho

-¡La puerta, hombre! –renegó William mirando al mayor casi con reproche

-Ah… sólo porque eres tú! ¿acaso no disfruta la emoción de ser descubiertos? –preguntó con un claro tono de broma pero como siempre se ganó un suave golpe en la mandíbula

-¡No! –recibió como respuesta de un muchacho que se acomodaba la camisa

-¡sólo considéralo! –Rió aun tirado en el sofá- … no pienso moverme de aquí

-Entonces… supongo, que te quedarás a dormir aquí –sonrió levantando la cabeza tan orgulloso al mostrar el llavero de los pisos de Paul

-¡¿Cómo….?! –jadeo mirando su llavero y buscándolo en sus bolsillos

-¿No dijiste que era más de lo que imaginaba? –se giró para tomar camino al elevador


Su vida dejaba de ser rutinaria de un modo complicado de explicar… era soltar para recibir, y aun más decir que estaba feliz con lo que tenía, aunque expandiendo su propia reputación debía ser mucho mejor ¿no?. Pronto se vio acompañado de Paul que le quitó el llavero de las manos.


-Mocoso engreído –farfulló

-Ah… creí que te quedarías en el sillón –comentó fingiendo sorpresa

-A ti te voy a dejar tirado en el sillón toda la semana por esta –le retó sacándole la lengua arrancándole una carcajada al castaño- ¡Ahora te ríes! –sonrió fingiéndose ofendido- Eso me pasa por buscar a un mocoso como tú de amante.

-Te aburrirías con otro tipo como tú –soltó con los ojos entrecerrados

-¡¡Buen punto!! –rió- Anda ya, que si no te echas para atrás


Justamente como un hombre de negocios, Paul había entregado su vida completa al negocio, y aun de joven había creído que no tenía porque vivir lejos de su amado oficio; decidiendo vivir en los dos últimos pisos del edificio: Unos lujosos departamentos -no se le podía decir de otra manera- Completamente amplios, pero antes de que Will echara una mirada periférica por el lugar ya estaba entre los brazos del aquel hombre y él mismo abrazado de su cuello; deslizando sus labios con premura por todo su rostro. Necesitaba de ese contacto: fuerte… dominante. La embriagante loción a cada caricia, y los labios del otro bajando por su cuello hasta desarmarle por completo.

Podía asegurar que había dado unos pasos… quizás miles sin darse cuenta, pero ahora estaba atrapado sin ningún remedio sobre la cama de Paul, sintiéndole presionar entre sus piernas, dejándole que se ahogara en sus propias ganas de acelerar el proceso. William podía ser un hombre calculador y hasta metódico, pero enjaulado en los brazos de Paul se volvía impetuoso, desesperado por seguir…


-… ahora si no quieres que pare ¿verdad, Will? –murmuró a su oído a la vez que sujetaba las muñecas del muchacho al notar que sus manos ya iban a quitarle la ropa

-... no seas injusto… -soltó levantando la mirada al techo

-Nada de eso, tú me hiciste esperar…


Al intentar reclamar se atragantó con la sensación de ser soltado, mas pudo verse agobiado al escuchar su zipper bajar, y el de Paul también. Bajó su mano a ambos miembros que anticipadamente el mayor había juntado, frotando entre ellos y hasta con su pulgar. Algo que podía parecer tan simple era aun más placentero de lo cual otro pudieran imaginar; la fiebre que recorría su cuerpo sin prisas, sin ser agobiante… con calma, mezclado con los besos que jugaban con sus labios, mordidas, aun succiones que buscaban meter en su lugar al que intentara pasarse de listo, siempre una ridícula competencia de poder que le hacía perder cuando su miembro empezaba a doler apretujado entre su cuerpo y el de pareja.


-…ya… anda… -pidió tomándole de la camisa y atraerle contra él

-Me provocas ternura ¿sabías?

-…¿ternura?... –soltó Will casi molesto

-Sí, ternura… podría morir si alguien viera tus ojos como los veo yo…

-No empieces con eso –sonrió de lado, al poder soltar su otra mano del agarre del pelinegro, llevando sus manos hasta la camisa negra, desabrochándole sin prisas


Nunca discutía demasiado cuando estaban entrelazados por el deseo, cuando tenían la suficiente intimidad para abrazarse con unas sonrisas sinceras y sin nada más en la cabeza que morir lentamente entre sus cuerpos. Al final toda la ropa la habían echado fuera de la cama; cara a cara con el aliento entremezclado, y bebiendo de sus bocas para saciar la sed que se formulaba a cada movimiento de caderas. La espalda de Will se arqueo en cuando un par de dedos fueron a dar sobre su entrada y se introducían con premura dentro del recto… al principio bien apretado, casi molesto para provocarle un gruñido, pero en medio de los besos que masajeaban sus labios, que bajaban por el cuello hasta su clavícula y de ahí a su pecho: Nunca, de los nunca Paul Dodgson sería capaz de dejar un marca en su cuerpo, en ninguno que haya sido su amante… porque simplemente era demasiado vulgar para un hombre como él.

Algo que no podía negar Paul, es que era una visión erótica la forma en que William se movía contra la cama mientras murmuraba a su oído palaras que solamente ellos podían escuchar, aun más como desaparecían las normativas y reglas mientras que lo sostenía entre sus brazo, aun ahora que se acomodaba entre sus piernas con una erección bien sostenida que fue metiendo dentro en suaves empujones: Nunca le daba todo de una vez, porque era como atragantarlo sin disfrutar, se podía ser intenso… pero era mejor esperar, dar a gotas para recibir lo más delicioso… y para él… era ver a Will rendido, dejarse amar, domado mientras movía su cadera para empalarse por sí mismo cada vez con más fuerza y frenesí contra la hombría que le hacía jadear y a él buscar los labios del muchacho… tan embriagantes, tan perfectos.

Los brazos del menor se sujetaron con fuerza de la espalda de Paul, quería sujetarse de algo, pero sin perder contacto de aquella piel que lo embriagaba y mantenía en un constante estado de excitación, nunca había subidas y bajadas… siempre empujando dentro de él, frotando donde se sentía mejor y le hacía olvidar la incomodidad de tener un órgano de buenas proporciones dentro, aun como una de las fuertes manos presionaba de forma continua sus testículos, la base del pene y hasta llegaba a masturbarle cuando le sentía demasiado lejano del mundo real. Sabía cuando estaba por terminar cuando pegaba la frente a la suya, y las embestidas llegaban hasta dolerle… maldito fuera este hombre que le había enseñado el placer entremezclado con el dolor y la culpa.


-… ah….a….mpm… -Will no podía decir nada mientras luchaba por no acabar antes a pesar de que la presión en todo su miembro era aun más molesta que placentera

-…ah…¿q.que?... quieres que te ordeñe con más fuerza…? –soltó el mayor atorado con su propia saliva


Tiró suavemente del vello en los genitales del menor, haciéndole brincar levemente entre una risa mal compuesta de su parte a la vez que sentía la tensión dentro del recto que le declaraba que se había corrido al final, siempre a chorritos que dejaban pegajosos ambos vientres ¿eso era hacer trampa?... bueno, daba igual, la verdad con sólo sentir el semen caliente en su mano y aquel apretón en los esfínteres del otro no pudo aguantar un segundo más, pero no le dejó ir, siguió sosteniéndole de la cintura para que no intentara escapar.


-… ah, no lo hagas así! –se quejó el castaño cubriendo con su antebrazo la cara.

-… vamos… que tiene de malo ponerme otra vez duro dentro de ti –rió mordiéndole el cuello sin marcarle

-Sabes cuál es el problema –le sujetó del cabello de la nuca apretando los dientes.

-¿Te pone más?

Autor: YO -Dango-
Titulo: Chocolate Amargo
Fandom: Original
Advertencias: Seguimos relajados
Capítulo: 2º "Paso 1: Crecimiento"

William solía pensar que ningún trabajo debía tomarse a la ligera. Sin importar el oficio que se realizaba o el nivel de dificultad; absolutamente nada era excusa para subestimar una labor bien hecha. Siendo esa razón lo que le hacía quedarse todos los días al final del mes trabajando como si no hubiera un mañana para dejar listo y de forma impecable el cierre mensual de cada una de las cuentas que llegaban a la oficina. No importa si era la nómina, las ganancias, gastos o algún otro tipo de servicio involucrado con sus amantes numéricos: Siempre estarían listos para que su jefe les diera el visto bueno.


Respirando profundo; callado como siempre que pensaba que iba siendo momento de tomar un descanso, con los músculos bien relajados pensaba: “¿Qué hora sería? ¿Ya cerca de las doce?” Suspiró recargando los brazos sobre el escritorio aun mirando la pared en blanco. En ese tipo de noches sentía que se volvería loco por el cansancio de dos semanas sin una buena siesta. Poniéndose de pie caminó a la ventaba que tenía tras él, recargando las manos sobre el marco para observar el exterior: Calles en silencio total, y la suave ventisca que como siempre le hacía recuperar las ganas de seguir con su labor.


-¿Aun aquí? –Preguntó Paul cuando abrió las puertas corredizas- Te dije que hoy te fueras temprano.

-No podía… -soltó William caminando a su escritorio para tomar la pluma fuente- Aun hay mucho que hacer. Leon vendrá mañana y… -levantó la mirada cuando escuchó un chasquido de la lengua de Paul

-Ya te dije: Deja de preocuparte por él; creo que te adora más que yo –rió sentándose en la orilla del escritorio mirándole con bastante atención como para notarle (a pesar de la mala iluminación) las marcadas ojeras- Ve a casa

-Aun falta mucho…


Paul suspiró como buscando las palabras indicadas mientras observaba a su alrededor de forma relajada. Si había algo que William admiraba de él: Era que jamás parecía enojarse, siempre se mantenía con esa aura relajada y sin tensiones.


-Will…

-Ya lo sé –interrumpió William dejando la pluma y extendiendo las manos como si con ello pudiera evitar los comentarios- Pero aun puedo estar despierto unas horas

-Sí, claro que puedes –le miró a los ojos- Pero necesito que estés despierto mañana –se levantó para sujetarle del hombro, recargando la otra mano en el escritorio- ¿O no quieres ir a casa?


Una negación sencilla de parte de Will, fue lo suficiente para que Paul se riera y buscara la mirada de los ojos cafés del joven. Era quizás la costumbre que menos le agradaba: Que nunca lo viera a los ojos cuando estaban tan cerca, resultaba ser aun más frustrante de lo que alguien pudiera pensar. Paul enredó sus dedos entre el castaño cabello del menor, sujetándole con un poco de fuerza para que lo viera a la cara; era como un cachorro que se le debía enseñar buenos modales.


-…Sólo dilo –murmuró mirándole con calma

-¿Por qué siempre haces esto? –preguntó Will con una suave sonrisa

-Soy paciente, William, pero tengo límites –le soltó dándole un suave y juguetón golpe en la barbilla con los dedos- ¿Algún día dejaras de ser tan desconfiado?

-No lo creo –sonrió de lado

-¡Ja!... que se le va hacer ¿no? –Soltó Paul pasando los brazos por sus hombros, bajando un poco la cabeza para mirarle bien- Vamos, dilo… -sonrió de lado-… “quiero dormir contigo”


Will sonrió casi de forma inconsciente al escucharle decir eso… ¿todo era tan fácil? Volteo la cabeza como ignorando esa petición, pero una mano sujetaba el saquillo de Paul.


-… de acuerdo –murmuró Paul dándose soporte en el escritorio jalando al otro de la oreja- Dame un beso y lárgate o te juro que mañana lo lamentaras –le miró con los ojos entrecerrados, que al final le causó sonreír al escuchar una risa discreta de William- ¡Hombre! ¡No te rías! ....me quitas lo serio

-… no es mi culpa… -susurró Will riéndose a la vez que se metía entre las piernas del otro- Iré a casa… -dijo rozando los labios con los de Paul; hasta que cerró los ojos para sentir con más detalle como ambos disfrutaban de esa caricia tan sutil.


Absolutamente nadie más debía saber de esos encuentros furtivos, siempre discretos y bien controlados. Su cabeza empezaba a nublarse cuando sintió las manos del contador sobre sus muslos; subiendo por su trasero… acariciando entre las nalgas, haciéndole estremecerse y apartarse con ambos brazos. Tragó saliva y carraspeando un poco. Suspiró doblándose usando como suporte sus manos sobre los muslos.


-Anda ya… se te hará más tarde –soltó Paul a la vez que se ponía de pie y se arreglaba la camisa- Nos veremos en la mañana –acarició el cabello del joven que parecía hacer un esfuerzo mental para no ceder a su cuerpo.

-Claro… -simple respuesta de aquellos labios que Paul tanto apreciaba


Paul miraba con aprecio los años de paciencia que tenía con ese muchacho: William no era difícil, pero le causaba desazón ver la lucha entre cuerpo y mente. Para Will, todo tenía que estar bajo control y eso hacía que se frustrara más allá de lo comprensible. Todos los días preguntándose si hacía lo correcto, si esto o aquello era lo indicado… hasta… podía sentir algo de pena por un alma tan joven echa adulta de un tirón y sin tiempo de meditar lo que realmente deseaba, y asimilar que no por ser adulto se dejaba de ser un niño.


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La mañana siguiente fue lo bastantemente despejada para sentir que se podía tener todos los sentidos activos y para William…sentir el valor suficiente para ver al dueño en jefe de la compañía: Leon Dodgson.

La empresa era dominada por Paul y Leon: Hermanos y compañeros gratamente en todos sus negocios, pero en privado, Paul solía recriminar la actitud de su hermano menor por los gastos que solía realizar sin darle avisos y por su parte; Leon, no parecía aceptar que alguien le marcara el límite a su “vida de Empresario” y como era costumbre… William terminaba en medio de los problemas.


-¡Buenos días! –Saludó Paul cuando el muchacho atravesó el umbral de la oficina con el saco en el brazo- ¿Dormiste bien? –preguntó tan radiante que hizo que Will dudara si podía decir que lo había hecho.

-Fue… una buena noche –contestó dejando el saco en el perchero- ¿Ya estás listo? –preguntó sentándose en el brazo del sofá

-¡Claro que sí! –exclamó Paul entrando al pasillo seguramente para ir a la cocina- ¡Si no fuera por ti ya me habría lanzado por la ventada!


El menor sonrió casi de inmediato, cruzándose de brazos… Paul tenía la habilidad casi inhumana de hacer que todo pareciera una comedia.


-Todo estará bien –aseguró el mayor saliendo con una taza de café perfumado- Quizás… sólo viene a decirme que gastó el doble de su ingreso mensual ¡y entonces! ¡Yo seré el que lo arroje por la ventana! ¡Ja!


… así era… ese dúo no podía ser de otra forma.

A pesar de la ligereza que tenía Paul acerca del tema, William pasaba una tortura casi insoportable, porque simplemente era el típico hombre que se preocupa demasiado y para él, era lógico y racional que todo estuviera donde debía ser. Cerca de la hora del té se sintió tan intranquilo que terminó dentro de la cocina: Asegurando que prepararía algo por si llegaba, mas habían pasado ya 15 minutos y él seguía con las manos sobre la superficie de la barra.


-William –escuchó la voz de Paul despertándolo de golpe de su mal sueño.


Antes de salir puso el pocillo al fuego lleno de agua; acomodó su saquillo y las mangas de la almidonada camisa. La voz de Paul saludando y el encontrar, cuando salió, a los hermanos en un abrazo fraternal; era un extraño anuncio de que pronto toda su tensión desaparecería pero… algo dentro de él, decía lo contrario: Que algo –no sabía qué- estaba por causarle aun más dolores de cabeza.


-¡Rodmell! –soltó Leon Dodgson cuando notó la presencia del muchacho- Que diferente te ves… -soltó metiendo las manos en los bolsillos del fino pantalón de casimir.

-Igual que Penélope… -soltó Paul con una sonrisa de lado

-¡Claro! –Exclamó Leon- Todos crecen tan rápido… ¿cuántos años tienes ya? –volvió la mirada al joven contador, levantando la cabeza con ese tono bastante elegante y que se podía asegurar, de todo un Casanova

-21 –contestó Will con una sonrisa, dando por hecho que estaba dentro de la plática

-¡Lo sabía! –soltó- Apenas eres un año mayor que Penny

-Solamente… -murmuró Paul mirando a Will con una sonrisa cómplice- Deberías casarte con ella…

-Ah… no creo… -intento decir el muchacho

-¡Quisiera! –interrumpió Leon- Pero esta tan encaprichada con… ése tal… -miró a su hermano mayor como buscando completar la oración

-¿Roger? –sonrió Paul aun con los brazos cruzados

-¡Exacto!... ¡me cuesta trabajo llevarle el ritmo a mi propia hija!

-¿no decía lo mismo papá de ti? –Preguntó Paul con una ceja levantada- Penélope… es joven, y llena de todo eso que debe tener la juventud ¿cuál es el problema?

-¡Dímelo cuando tengas hijos, Paul! –soltó el hermano menor

-Will –lo llamó Paul regresándolo de ese extraño silencio donde siempre lo dejaban cada que empezaban hablar de familia- Trae los registros del mes.

-Sí, señor –contestó el muchacho


Caminó con el paso necesariamente rápido para que no pareciera que estaba huyendo… pero tampoco lento. Era incómodo siempre estar en medio, era una pesadilla y más cuando Paul hacía “comentarios” que aun sabiendo William que era una broma pesada, hacía que se quedara sin la más mínima expresión verbal para huir … sencillamente balbuceaba casi como si le hubieran pedido que diera explicaciones de por qué el cielo era azul.

Buscó con rapidez -y algo de nerviosismo- las carpetas que ya tenía listas desde hace dos semanas y metiendo unas cuentas que había hecho la noche anterior para tenerlo “Totalmente actualizado”.


-Bueno… -murmuró Paul aun antes de que las cuentas llegaran a sus manos- ¿Qué piensas hacer antes de que la guerra nos alcance?

-¿De qué hablas? –soltó Leon cuando Will ya había dejado todo sobre el escritorio

-Tenemos excedentes por todos lados… -comentó Paul abriendo las carpetas para que su hermano menor las viera

-¿Y? Es bueno ¿no? ¡Excedente de todo! Más de dinero como veo… -soltó una risa de satisfacción total.

-Y de materia prima, y ¡de muchas cosas! –Miró Paul bastante ceñudo a su consanguíneo- ¡¿Qué piensas hacer con todo eso?!

-¡De eso no me encargo yo! –Reclamó Leon- ¡Es tu trabajo!

-¡No me vengas con eso! –exclamó el otro pegando en la mesa con la palma de la mano


Will había casi brincado con aquella acción… ¿no había dicho ya algo de discusiones? Así empezaba… todo tan… familiar y luego eran dos leones queriendo morderse y sacarse las vísceras hasta que alguno de los dos ganara o en el peor de los casos volteaban con él y decían: “¿Quién tiene la razón?!”.

Leon ya estaba de pie huyendo como siempre de los reclamos de Paul…


-¡¿Y qué quieres?! –reclamó el hermano menor

-¡Invirtamos!

-¡No! –negó rotundo sujetando el respaldo de la silla

-¿No? ¡¿POR QUÉ NO?!

-¡La última vez casi nos ahogamos con tus ideas de inversión!

-¡¡Fue en el 27!!... ¡¡cómo iba a saber que dos años después tendríamos esa crisis!!

-¡Tu eres el genio! ¡Dijiste: Invirtamos en la bolsa de valores!

-¡AH! –soltó exasperado- Escúchame… Leon, tenemos que hacer algo ¡Es dinero ocioso! No pierde ¡pero tampoco produce! ¡Sólo… esta allí en el banco haciendo telarañas!

-¡Y está perfecto allí! ¡No en tus cruzadas financieras!


… y Will (que casi se sentía como un mueble más de la habitación) se vio extrañamente identificado con las discusiones que solía tener con su propio hermano… era verdad, dinero que no usaban… solo estaba allí… no podían hacer nada.


-¡Leon! ¿¡Y la materia prima?! ¡No podemos comprar más si esa materia sigue allí! ¡El azúcar! ¡Cacao! ¡TODO! ¡No podemos decirle simplemente a los productores que no compraremos nada! –Le miró de forma aguda- Tenemos un trato de compra por adelantado de las mejores cosechas

-Tranquilo, Paul! –rió- El ejercito es el que compra toda la producción de chocolate ¿qué puede pasar?

-¡No puedes vivir con la idea que el ejercito comprará todo lo que produzcamos cuando la gente se aburre de las simples barras de chocolate! –Reclamó Paul- ¡No podemos seguir produciendo lo mismo! ¿No te das cuenta? Vendemos nuestro chocolate procesado a otras compañías de golosinas que ganan lo que deberíamos ganar nosotros y además ¡son capaces de mover su dinero!

-¿Golosinas?

-¡De acuerdo!... –soltó Paul haciendo una gran circunferencia sobre sus orbitas- … bombones

-¡Paul! –soltó Leon tirándose al sofá

-¡Conchitas, duja, delfin, erizo, gajos, ganche, gianduja, praliné, trufas!! ¡Por dios, Leon!! ¡Sabes que podemos hacerlo!

-¡¿Y a quién diablos lo venderíamos?! ¿¿Se te olvidó?? ¡Está empezando la guerra en oriente!

-… a los burgueses americanos y europeos…


Ambos hermanos voltearon al escuchar esa voz romper su burbuja de reclamos y discusiones de un sólo sentido. Will tragó saliva al sentirse atravesado por varios cuchillos en esas miradas que casi le decían “¡Eres un chiquillo!... no te metas en cosas de adultos” Aun así… dio dos pasos hacía el frente como un valiente que se enfrenta a un batallón.


-Podemos vender a la clase media y alta. Los chocolates trabajados como bombones se venden bien, haya guerra o no; son relativamente más caros, pero se pueden… manejar por pedido si ese es el caso, mas hay que utilizar un poco de ingenio para que lleguen al oído de las demás personas que no sea el ejercito…

-Ajá… -interrumpió Leon- ¿Y la maquinaria?

-El excedente puede pagar parte de ella –respondió el menor

-… pero no todo… -soltó de una forma aprensiva; poniéndose de pie y dándole la espalda a los dos financieros

-¡Podemos conseguir inversionistas! –soltó William

-Will… -le llamó Paul

-¡Sí! Podríamos hacerlo… -miró a Paul con esos ojos castaños llenos de un brillo casi celestial- Extranjeros, o nacionales; el excedente de materia prima se resolvería de ese modo… además que deberíamos renegociar los contratos, ya están a punto de expirar.

-Pero no sólo es cacao y azúcar, William –interrumpió Paul

-Pero podemos costear los gastos de los nuevos cargamentos –soltó mirando a su jefe- Podemos hacerlo, sólo… hay que hacer algunos ajustes y…

-¿Y las recetas? –Dijo Leon, mirando al duo monetario- Para entrar al mercado que quieren… no sólo… es maquinaria e ingredientes ¡Tú lo sabes, Paul!

-Podemos usar las recetas de la familia… -afirmó el mayor cruzándose de brazos, sin quitar la vista de su aprendiz ¿era alguna especie de mal sueño lo que estaba viviendo?

-¡Pamplinas! ¡No te las dieron la última vez!

-No, a mi no –sonrió de lado- Pero a William… quizás sí


…¿recetas? ¿A quién?... ¿le estaban dando el visto bueno?


-¿perdón? –soltó William

-¡Estás loco! –Soltó Leon- No se lo darían… a… tu aprendiz… Sin ofender Will


El menor negó varias veces como quitándole importancia, sólo mirando anonadado a Paul, que parecía entrar nuevamente a ese mundo que sólo él comprendía.


-Sabes… que por mucho que nos quieran… no hemos sido muy aceptados últimamente –soltó Paul con una sonrisa de lado aun más marcada, casi con un tono de burla- Así que… si tú, ni yo, las conseguimos… quizás William lo haga

-Yo… -trató de decir el susodicho

-¡Hecho!... arreglemos después la apuesta –Leon miró a su hermano mayor casi con reto- Tú pagaras… si cometes otro error que nos meta en problemas otra vez

-Trato hecho –Paul cerró las carpetas como si el caso estuviera cerrado- William, acompaña a Leon a la puerta

-No, no se apuren ¡conozco el camino! –rió tomando su abrigo y haciendo una leve despedida con un gesto de la cabeza- Tienen mucho trabajo por delante…


… había hecho un extraño trato con el diablo… o eso pensaba William aun congelado exactamente en el mismo lugar donde se le había ocurrido decir todas esas cosas ¿Qué diablos estaba pensando? Sencillamente se había puesto hablar, y defender una idea que ya viéndolo con detalle ¡era imposible! ¡¿De dónde diablos iba a sacar a todos esos inversionistas?! ¡Tenían razón, no sólo era materia prima! ¡También era comprar otra fábrica o dos!! ¿¡Qué había hecho?!


-Will –lo llamó Paul extasiado por esa expresión de pánico en el menor- Ya se fue Leon… ¿aun sigues aterrado?

-Sí… -susurró- Puedo… empezar a arreglar citas… y abriré tu agenda…

-¿mi agenda? –soltó Paul mirándole con una fingida confusión, la imitación perfecta de cuando un perro no entendía algo

-Sí… -miró a Paul intrigado… hasta que algo se le vino a la mente que hizo que abriera tan grande los ojos que le dolieron los parpados- ¡No! ¡No!... no, no, no, no….

-¡Tú fuiste el de la idea! –Rió- En cuanto me dijo que a quien le venderíamos me iba a dar por vencido… ¡No es fácil vender en estos tiempos!-sonrió de esa forma que Will adoraba… tan sínico y seguro de sí

-No… ¡Tú no lo lograste!

-¡Calla! –reclamó- Era el 27… dos años después tenía la depresión encima ¡Tú tienes una guerra que le puedes sacar provecho!

-¡¿Una guerra?!!

-Claro… las guerras son el mejor mercado, William… no pierdas esa visión… yo tengo que despedir al jefe de compras…

-Paul… -miró tan contrariado que casi causaba ternura- Yo… yo no tengo contactos…

-¡Claro que tienes! –Reclamó- ¡¡No te tengo aquí como para darte todas las respuestas!! –Soltó molesto- ¡Piensa William! ¡Eres más que un aprendiz! –Se acercó al menor hasta darle golpecitos en la frente- Sacaste a la empresa de tu familia de la quiebra, pagaste la hipoteca de la casa de tu madre, llegaste a esta empresa en su peor momento y me ayudaste a sacarla a flote ¡No eres sólo un neófito! ¡Y no te atrevas a fallar ahora, William Rodmell! ¡Eres un genio, diantre!


… pero para Will… el problema no era ser genio… era tener el temperamento que él… de verdad no creía tener.


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Soy un marciano que llegó a la tierra después que su nave se le descompuso los amortiguadores, me quede sin Té y no encontraba un baño decente en las estaciones espaciales Ò_Ó. Me la paso haciéndome el loco xD, escuchando música, leyendo, escribiendo, platicando y dibujando cuando no estoy haciendo todo lo demás. ¡Échenle una revisadita al blog antes de cerrar la pestaña de esta ventana por haber leído mis alucinaciones del día! XD
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